
Las tradiciones se van perdiendo al mismo ritmo acelerado que la globalización engulle al mundo. De lo bueno, conocemos países, gente y costumbres tan lejanos que nunca hubiéramos imaginado; de lo malo, perdemos las raíces de lo "nuestro", de lo que nos da identidad.
Crecí entre juguetes típicos, juguetes de madera y juguetes educativos. Mis amigos, vecinos, compañeros de escuela también jugaban al trompo, a las canicas, la matatena, el balero... (me fascinaban las tablitas de colores, unidas con listones, que volteabas, dejabas caer y veías a una de las tablitas bajar, bailando...) Los cochecitos de madera, los rompecabezas, la memoria, las damas chinas, el ajedrez, las muñecas de trapo, están quedando en el olvido.
¿Qué niño, en su carta a Los Reyes, habrá pedido un juguete de éstos? En el conteo contra las barbies, los max steel, los de control remoto que juegan solos, los muñecos de la película o el comic de moda en turno que atiborran los anaqueles (la publicidad en televisión es un bombardeo constante de juguetes que se han robado, literalmente, la imaginación de los niños); los juguetes típicos pierden avasalladoramente.
Están en peligro de extinción...
Foto: Jessica Soler • Diciembre 3, 2006 • Mercado de Tonalá, Jalisco