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lunes, 27 de noviembre de 2017

¿Porqué yo?



Hacía un par de semanas que no se habían encontrado, desde ese día en que él se había acercado a saludarla.

Cuando él la tomó de la mano, ella, que era extremadamente sensible a detectar la energía que emana de las personas, se sobrecogió: una extraña y fuerte energía pasó de su mano a la suya.

Después no volvió a verlo en semanas. Seguía desconociendo todo respecto a él, sin embargo no podía sacarlo de su mente. Cerraba los ojos y ahí estaba él, parado frente a ella, con los lentes oscuros alzados, vistiendo mezclilla, mostrando sus ojos profundos y su hermosa sonrisa.

Llegó incluso a extrañarlo, a preocuparse, ¿volverían a verse? ¿le habría pasado algo? ni siquiera sabía cómo se llamaba...


Hoy, cuando empezaba a hacerse a la idea que probablemente no volverían a verse, lo encontró parado en una esquina. Otra esquina. No la que solían encontrarse antes. De hecho, pocas veces transitaba ella por esa esquina. Ella estaba preparada y condicionada a reaccionar en situaciones imprevistas, así que reaccionó sin poder ni pensarlo: ¿cómo te llamas? le preguntó.


Y así fue como supo cuál era su nombre.


Hablaron sin parar, como si se conocieran de siempre. Aunque se sentía nerviosa, su presencia la llenaba de paz. Ella era luna, él era jaguar. Y cuando él la abrazó, mientras sentía su alma y su corazón en pedazos, reintegrarse, algo en su interior le dijo que era el correcto. 


¿Porqué yo? 

Esa fue la pregunta que él hizo cuando volvieron a verse. 

Y ésta era la respuesta de ella.


Ilustración: Autor desconocido
Microrelato: Jessica Soler • Noviembre 2017 • Una historia de la realidad que a veces parece ficción o de la ficción que a veces parece realidad.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Querer decir tanto...





Ella le había abierto las puertas a su vida, de par en par. Con tristeza, hoy, se daba cuenta que él no lo merecía. Él había elegido distanciarse sin tomarla en cuenta, sin darle una oportunidad, sin derecho a réplica, sin valorar lo que había sido puesto en sus manos.



Ella hubiese querido decirle tantas cosas, pero eligió no decirle nada... 


-Limpiaría sus lágrimas, recuperaría los pedazos de su sonrisa rota y reconstruiría su muralla. Más alta y más fuerte, donde ni él ni nadie pudieran volver a lastimarla.-



Ilustración: Jasmin Junger
Microrelato: Jessica Soler • Noviembre 2017 • Una historia de la realidad que a veces parece ficción o de la ficción que a veces parece realidad.

martes, 14 de noviembre de 2017

Cascada Agua Azul


Hacia días que tenia esa sensación... 

Trataba de apagarla, silenciarla, pero se hacía más y más fuerte. No le gustaba nada cuando ese sentimiento extraño se apoderaba de ella: sexto sentido había oído que lo llamaban.

A diferencia de otras veces, la sensación no la dejaba, así que se armó de valor y decidió que tendría que verlo por ella misma.

Conocía de memoria el camino sinuoso, con sus cuestas empinadas y abruptas bajadas, que dejaban los pies cansados y polvosos. Lo había recorrido varias veces. Conocía los arañazos que le dejarían las malezas, los tropezones con las piedras, presintió algunas de las heridas que recibiría al transitarlo y sabía que probablemente le dejarían cicatrices. Aún así, avanzó de prisa. La única manera de saberlo era llegar a la cima.

Ya había llegado hasta ahí, no podría darse la vuelta así sin más, sin saber si es que había llegado a tiempo. Sólo restaba asomarse y corroborarlo. Respiró profundo y lanzó su pregunta.


-Ya hablaremos, le contestó el eco.


Pensó en sus labios húmedos y sus ojos profundos. Recordó la calidez de sus abrazos y la magia de sus risas. Las conversaciones y los momentos juntos. Anheló verlo por días, y hoy, que estaba tan cerca, reinaba el silencio. 

Al asomarse, se dio cuenta de su amor a destiempo. Inexplicablemente el azul de sus ojos cegado estaba. Raudales de ellos emanaban y mojaban su cara.


A pesar del silencio, dentro de ella, la voz resonaba.


-Ya hablaremos.


Mientras, en la bella cascada Agua Azul, no corría más el agua...



Ilustración: Felix Morand
Microrelato: Jessica Soler • Noviembre 2017 

martes, 7 de noviembre de 2017

Tengo ganas de verte




Un día más, como tantos otros, estaba a punto de llegar a su fin.


Suaves olas melódicas, salpicaban sus pies descalzos, al terminar su sinfonía a la orilla.
Con su murmullo constante, apagaron sus sollozos.

Se enjuagó presurosa las perlas cristalinas que resbalaron por sus mejillas y con delicadeza, se las brindó al infinito, mientras fluían los recuerdos: sus brazos rodeándola, sus labios robando un beso de los de ella, sus ojos profundos...

La luna asomó un poco antes.
Durante unos minutos, compartió el horizonte con el imponente Sol.
Mientras, ella recogía entre la arena sus pedazos, sus ganas, sus sueños. Su sonrisa rota.

¿Cuántas veces la había perdido?  Tantas, que había perdido la cuenta.

Suspiró profundamente,
agradecida por esos instantes compartidos. Por ese breve destello de luz que la había iluminado.
Ese destello que le permitió encontrar una vez más, su sonrisa. La acomodó en su cara y murmuró unas palabras.

"Tengo ganas de verte..."







Ilustración: Octavio Jiménez
Historia: Jessica Soler • Noviembre 2017 







sábado, 15 de julio de 2017

El Sol y La Luna




Ha sido un largo día para Él.

Es la misma rutina, día tras día, y hoy está por terminar nuevamente, un día extenuante. Sigue en pie impasible, imponente e intimidante. Sin permitir a nadie mirar detrás de esa fachada.

El sol está a punto de desaparecer tras el horizonte…



Ha sido un largo día para Ella.

Es la misma rutina, día tras día, y hoy está por terminar nuevamente, un día extenuante. Sigue en pie impasible, con firmeza y entereza, oculta tras las sombras. Sin permitir a nadie mirar detrás de esa fachada.

La luna pronto aparecerá tras el horizonte…



¿En qué momento fue que sus ojos cruzaron miradas por primera vez?
Ninguno lo recuerda claramente. Pero ambos saben en su interior que ese cruce de miradas, desnuda su alma.

¿En qué momento fue, que al entrelazarse sus manos, derribaron las fachadas?
Nadie lo vio suceder. Pero ambos saben en su interior que ese roce de sus manos, les roba el alma.


Imponente e intimdante, Él le roba al Sol su energía vibrante, ese fuego que recorre sus entrañas. Se acerca a ella lentamente, entrelaza sus manos y roza sus labios. La besa con ternura, mas el fuego que arde en su interior, ése que le ha robado al Sol, embriaga su alma.

Ella lo deja acercarse lentamente, entrelaza sus manos y siente el roce de sus labios. Ha permanecido oculta tras las sombras por mucho tiempo. Siente su alma incendiarse.

Él vuelve a besarla, pero ya no puede controlar ese fuego que lo engulle. Ella siente lo mismo y el incendio los embriaga. 



Llega el ocaso, pero ellos le han robado su fuego. 
El cielo se ilumina en tonos de grises.



Lo que ellos no han visto aún, es que la Luna, tras el ocaso, asomará su mirada. 
Y ese fuego que al Sol le han robado, iluminará radiante su hermosa cara plateada.



Cuento: Jessica Soler • Junio 10, 2017
Para él y por él, que un día leerá estas líneas. Como mucho de lo que hay en estos instantes. 

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Esperando

Se conocieron hace dieciocho.
Tomaron distintos caminos hace catorce.


Día tras día durante esos catorce,
ella miraba el buzón y sólo encontraba una caja vacía.

En el fondo de un cajón, en el escritorio de él,
un sobre gastado yacía.
Una vieja carta que quiso responder en más de una ocasión,
sin embargo pasaron
uno
y dos
y tres
y cuatro
y cinco
y seis
y siete años...


Para escribir esas líneas ansiadas
él no se sentía capaz: había que ser precavido.

Un breve destello, un encuentro fugaz.

Y nuevamente pasaron
uno
y dos
y tres
y cuatro
y cinco
y seis
y siete años...


ellos no saben que el buzón sigue ahí, esperando
esperando por siempre...





Foto: Jessica Soler • Noviembre 27, 2007 • Puerto Vallarta, Jalisco

(Los dieciocho días transcurridos sin alimentar estos INSTANTES, han sido porque la expedición a la Sierra Madre me tenía completamente absorta en todos los sentidos, pero aquí estamos de vuelta, con las pilas bien recargadas y muchos, muchos instantes nuevos para compartir).

miércoles, 21 de febrero de 2007

Matapalos: un abrazo mortal



Aquí en las costas de Jalisco, a las higueras estranguladoras (género: ficus) se les conoce también como "matapalos". En un principio parecerían un par de enamorados inseparables. De esos que andan a todas partes, tomados de las manos. Sólo que ésta historia de amores enlazados, terminará acabando con la vitalidad de uno de ellos.


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

¡Qué espléndido y majetuoso Ficus!. Está lleno de vida. Pajarillos, roedores, monos, lo visitan y se alimentan con sus frutos. Un pajarillo harto y saciado, se retira del bullicio y va a buscar descanso en una solitaria palma cocotera. La palma, disfruta de la compañía. Hay días que se encuentra tan sola... El pajarillo le agradece el cobijo y la sombra: en gratitud le ha dejado entre sus frondosas hojas una semilla.

¡Poco sabe la pobre palmera, amable anfitriona, lo que acoje en su copa!


Llueve copiosamente en la selva. Sale el Sol. Hace calor. Se rompe la cascarilla y asoma un tierno brote. Pronto también asoman unas raicillas. El tierno brote toma fuerza, las raicillas se fortalecen con cada día que pasa. Se descuelgan y buscan llegar al suelo.

Tocan la tierra y la acarician. Pronto se afianzan a ella y se alimentan. Se fortalecen más y más. El brote se robustece y pequeñas ramas aparecen. Abrazan a su anfitriona. La palmera está contenta: ya no está sola. Acepta con agrado el abrazo. Añoraba hace tiempo una caricia. Se toman de las manos. No se sueltan ante el embate de los fuertes vientos. Ni bajo la fuerza de la tormenta. Sale nuevamente el Sol y con sus cálidos rayos, ilumina a los amantes. Por las noches, la Luna los cobija. Parecen quererse cada día más...

El Ficus crece. Se pone más y más robusto. La palmera, se siente débil. Y más débil. El abrazo de su fuerte amante la está asfixiando lentamente: se han fundido en un abrazo mortal.


Un día, la palmera exhala su último suspiro. Ha dado su vida por amor. El Ficus se ha quedado solo. Llora de tristeza. Está inconsolable. Siente en sus entrañas, como ella va desintegrándose.

Todas sus hojas derraman lágrimas. Para consolarlo, en cada ramita brotan tiernos capullitos. Pronto su frondosa copa, es un enorme ramillete florido. Si tan sólo pudiera mostrárselo a ella...

El ramillete se transforma en puñados de suculentos frutitos. Los pajarillos, roedores, monos, vienen en grupos a alimentarse. El Ficus pronto olvida su tristeza. ¡Su copa reboza de vida!.



Un pajarillo harto y saciado, se retira del bullicio y va a buscar descanso en una solitaria palma cocotera. La palma, disfruta de la compañía. Hay días que se encuentra tan sola...

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Historia: Jessica Soler • Febrero 21, 2007
Foto: Jessica Soler • Febrero 11, 2207 • Punta Raza, Nayarit

sábado, 20 de enero de 2007

La despedida



La luna brilla en lo alto del firmamento.

Un abrazo, trilladas palabras de despedida...
Se da media vuelta y avanza un par de pasos, alejándose de él.

No quisiera irse, podría estar con él hablando por muchas horas más, pero el tiempo se ha acabado. Se escucha al tren acercándose. Le espera un largo camino de vuelta a casa. En los segundos que ese par de pasos toman, pensamientos le bombardean la mente. Se escucha a sí misma decirle, minutos atrás, que no le interesaba nada más que una amistad. Se repite, mentalmente, cuánto ha padecido su maltrecho corazón. Recuerda el dolor que le ha causado cada golpe recibido. Recuerda las veces que ha sido pisoteada, humillada. Recuerda todas y cada una de las lágrimas derramadas. Pero también recuerda sus sueños, sueños que yacen sepultados tras inmensas barreras. Piensa que quizás...

Ese pensamiento se ve interrumpido cuando lo escucha decir: ¿y te vas así, sin un beso ni nada?


Decide, que después de todo, la vida no es mejor intacta, que vale la pena arriesgarse.

Se da media vuelta nuevamente,
y avanza un par de pasos,
en dirección hacia donde él se encuentra, parado, observándola.

Se acerca, lo mira a los ojos, ojos que la llenan de paz, tan sólo con mirarlos. Ojos, que con su mirada, derriban todas las barreras.


Con un suave roce de labios, lo besa.

Sólo un tierno beso infantil. Lleno de significado. Significado que posiblemente él no entendería. Mentalmente le da las gracias. Gracias por rescatar lo bueno que había en ella, que estaba casi muriéndose.


Se da media vuelta, avanza unos pasos.
Sube al tren y se marcha.





La despedida: un cuento de la realidad que a veces parece ficción, de la ficción que a veces parece realidad. Para él y por él, que un día leerá estas líneas. Como mucho de lo que hay en estos instantes. • Jessica Soler • Enero 20, 2007

Foto: Jessica Soler • Enero 15, 2007 • Vías del tren en Philadelphia, PA

viernes, 29 de diciembre de 2006

¿Cómo va a ser tu día hoy?



Esta mañana desperté emocionado
con todas las cosas que tengo que hacer antes que el reloj sonara.

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante.
Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso
o puedo dar gracias porque las plantas están siendo regadas.

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero
o puedo estar contento que mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia.

Hoy puedo quejarme de mi salud
o puedo regocijarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme de todo lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo
o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas
o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.

Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos
o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar
o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela
o puedo abrir mi mente enérgicamente y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar
o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente, cuerpo y alma.

Hoy el día se presenta ante mi esperando a que yo le de forma y aquí estoy: soy el escultor.

Lo que suceda hoy depende de mi,
yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.


Que tengas un gran día... a menos que tengas otros planes.



Foto: Jessica Soler • Diciembre 29, 2006 • Vivero Sol y Sombra, Puerto Vallarta, Jal.

martes, 26 de diciembre de 2006

Cuetlaxochitl



Flor de Nochebuena - Euphorbia pulcherrima.


Rescatando lo nuestro.


¿Cuántos de ustedes saben que la "flor de nochebuena" es originaria de nuestro país -México-, de la Sierra de Taxco, Guerrero? Nuestra CUETLAXOCHITL, del náhuatl que significa “flor de pétalos resistentes como el cuero”, en los tiempos prehispánicos representaba la pureza de la sangre sacrificada al astro rey para renovar su fuerza creadora que haría que el universo entero siguiera su marcha.

¿Y que el nombre de "poinsettia" lo lleva en honor del cónsul norteamericano que en el siglo 19 la transportó a los Estados Unidos?

En un esfuerzo por no permitir que se desvanezcan nuestros orígenes y tradiciones, los invito a llamar a esta hermosa flor por su nombre original: CUETLAXOCHITL y dejar que la influencia gringa se vea limitada al gordinflón creado por la Coca-Cola. La flor, por orígen, es nuestra, no de un estadounidense...




Tenemos también una hermosa leyenda que data de hace varios cientos de años y que surgió en alguno de nuestros pueblitos mexicanos.

Dicha leyenda cuenta la tierna historia de una niña de escasos diez años cuya madre tenía el encargo de tejer una cobija nueva para el pesebre del Niño Jesús de su iglesia, ya que la que tenía estaba muy vieja y raída. Ella aceptó encantada la distinción que le confería el párroco, empezó a elaborarla con gran entusiasmo, pero al caer gravemente enferma no pudo terminarla y la dejó a medias en el telar. La niña preocupada intentó acabarla, pero sólo consiguió enredar todos los hilos y las madejas. Al día siguiente, al atardecer, empezó la procesión al templo de todos los lugareños y la pequeña escondida detrás de un gran matorral, llorando, los veía pasar con enorme tristeza pues su madre seguía enferma y no había cobijita nueva para el Niño. De pronto se le acercó una anciana bondadosa y le preguntó qué le pasaba. Lucina, que así se llamaba la niña, le contó toda su pena y la buena mujer la consoló diciéndole que ya no se preocupara pues su mamá ya había sanado y que se apurara a cortar unas ramas de esa planta que la escondía y se las llevara como obsequio al Santo Niño.

La niñita, no daba crédito a lo que oía, pero obedeció dócilmente a la señora y con un manojo de aquellas ramas llegó corriendo al templo. Colocó con gran cuidado las varas alrededor del pesebre , mientras la gente en silencio la observaba. De pronto todo se iluminó y de cada rama había surgido una enorme estrella roja que entibió rápidamente el ambiente. La niña sonrió pues seguramente el Niño ya no pasaría más frío. Llena de contento salió corriendo y vió que todos los matorrales de la calle y las montañas, lucían estrellas radiantes iguales a las que había en el pesebre y que su humilde presente se había convertido en el más resplandeciente de todos los regalos.

Fotos: Jessica Soler
Foto 1: Diciembre 24, 2006 - Tropical America, San Vicente, Nayarit
Foto 2: Diciembre 14, 2006 - Mercado de San Miguel de Allende, Guanajuato