1111 días han transcurrido desde aquel día...
Un espacio donde la creatividad no quiere tener límites... Fotografía, poesía, pensamientos, gráficas, aportaciones y todo aquello que requiere de un momento de inspiración y reflexión. Instantes de México, el mundo, el medio ambiente, la cultura, la vida, los niños y mucho más.
lunes, 30 de noviembre de 2020
1111
viernes, 23 de octubre de 2020
Almas Gemelas
El gran día había llegado. Hoy la llevarían por primera vez a la escuela.
Quiso vestirse ella solita y por supuesto, se puso sus zapatos rojos, que eran sus favoritos. Aún no sabía peinarse, así que la peinaron con dos coletas. Estaba nerviosa y tenía miedo, pero se lo aguantaba.
Cuando la dejaron en aquel enorme portón y se alejaron, al verse rodeada de tanta gente desconocida y extraña, en un enorme lugar, también desconocido, le temblaron un poco las piernas. Respiró profundo y avanzó, dando pequeños pasos. Se prometió a si misma que no lloraría. Una maestra la condujo a lo que sería su salón. Se sentó hasta atrás y durante toda la mañana, evitó cruzar mirada con los otros niños. Estaba aterrada, sin embargo, quería parecer valiente.
Unas horas después, sonó la campana y salieron al receso. Había un enorme patio y jardín. Ella fue a refugiarse a un rincón, donde había un gran árbol y muchas plantas. Se aseguró que nadie la viera, y dejó que las lágrimas sostenidas durante toda la mañana, rodaran por sus mejillas. No lo escuchó, ni lo vió venir, sólo sintió una mano, limpiándole las lágrimas, mientras la otra mano, tomaba una de las suyas y le decía: "no llores, yo voy a cuidarte, nunca vas a estar sola".
Al girar su cabeza, vio unos hermosos ojos, en una linda carita, iluminada por una gran sonrisa. ¡Y llevaba puestos unos tenis rojos!. Una inmensa paz la invadió.
Se volvieron inseparables desde ese día. Jugaban, reían, aprendían y soñaban, juntos. Adoraba ir a la escuela. Él se había convertido en su mejor amigo. "Me gusta mucho la Luna", él le había contado, un viernes, mientras esperaban a la salida de clases, que los recogieran. "Cuando me siento solo, le platico, para que cuando tú la veas, te de mis mensajes, y así, es como si estuviéramos juntos, platicando y jugando". Llegaron primero por él, como siempre, pero no era alguno de sus padres quienes lo recogían, era su nana. Fue la última vez que lo vió.
Llegó el lunes, y él nunca llegó. Ni al día siguiente. Escuchó a las maestras comentar que tal vez estaba enfermo. Pensó mucho en él, deseando se recuperara pronto y fuera a la escuela, lo extrañaba mucho. Por la noche buscó a la Luna, para pedirle que le dijera que lo estaba esperando.
Esa noche, tuvo pesadillas, le empezó a doler mucho el pecho y la panza. Soñó con él, le decía que nunca estaría sola, y que pronto regresaría a cuidarla, pero lo veía alejándose, cada vez más. Por la mañana no quiso ir a la escuela. Se negó rotundamente. Sus papás le dieron una fuerte nalgada, le dijeron que bastaba de rabietas, que iría a la escuela y PUNTO.
En cuanto entró a la escuela, vio a su maestra, la abrazó y se puso a llorar desconsoladamente. Tenía mucho miedo. La maestra la abrazó, mientras la llevaba a su salón, le dijo todo estaría bien. Pero no, no todo estaba bien. Él no estaba.
Cuando se acercaba la hora de la salida, vió que los padres de todos, habían llegado antes. Escuchó como la directora decía que Él, ya no volvería más a clases, y que las clases se suspenderían unos días, ya que no sabían aún si era contagioso. Su enfermedad era grave y no había sido detectada a tiempo, ya que sus padres viajaban constantemente. Él, casi siempre, estaba bajo el cuidado de su nana. Nunca lo llevó al médico.
Nunca antes, había escuchado hablar de la muerte. Tenía muchas preguntas, que nadie le contestó. Ella seguía viéndolo y hablando con él, cada noche, a través de la Luna en el cielo. Hasta que alguien se dió cuenta, y la regañó por ello. Él está muerto, le dijeron, y no está bien que hables con alguien que ya no está. Ella señalaba a una estrella, junto a la Luna y decía que ahí estaba él, junto a Dios. Nuevamente, fue fuertemente reprendida: "nunca mas vuelvas a decir eso, Dios no existe y PUNTO".
Ella creció, tratando de nunca pensar en él, porque era un recuerdo sumamente doloroso. Nunca pudo entender cómo pudo pasar eso, como nunca pudieron despedirse, porqué no lo habían llevado al médico antes, porqué sus padres lo dejaban siempre solo, porqué había perdido a su mejor amigo, porqué la había dejado sola, cuando le había prometido que nunca lo haría. Dejó de mencionar a Dios, dejó de hablar acerca de las veces, que en sus sueños, él venía a visitarla; y con el tiempo, incluso llegó a olvidarlo, sepultándolo en sus recuerdos; sin embargo, a escondidas, siguió hablándole siempre a la Luna...
Muchos años después, -cuando ella ya era grande-, lo conoció a Él, en una esquina. Su bello rostro, iluminado por una gran sonrisa y sus hermosos ojos profundos le resultaban de cierta manera, familiares, pero no sabía de dónde o cuándo.
No sabía porqué, pero a ella siempre le habían gustado los zapatos rojos. ¿Porqué Él le resultaba tan familiar?
Resolvió el misterio el día en que ella lo vió elegir y usar unos tenis rojos. Su corazón palpitó con alegría. En ese momento, su alma finalmente entendió.
... y su fe en Dios, recuperó.
domingo, 5 de julio de 2020
Ziya...
En la oscuridad del desierto,
una fogata resplandecía,
bajo su luz rojiza,
sus ojos profundos por última vez contempló.
Era una mujer del desierto,
de la tribu de los abandonados de Dios
princesa guerrera, Touareg,
en azul vistió.
En el lecho de su muerte,
Ella le prometió
hasta lo imposible haría
y algún día lo encontraría.
"Quizá tarde una vida,
o varias,
pero te buscaré
por toda la eternidad
Te amo,
por siempre
y para siempre
Guapísimo Caballero".
La maldición que sobre ellos
habían ejecutado,
su felicidad
les arrebató.
Él, en un principio,
de Ella había dudado.
Cuando logró darse cuenta, era tarde:
la habían envenenado.
En un acto de inmenso amor,
Él acabaría pronto con su sufrimiento:
de una puñalada certera
al veneno le ganó.
Le dolía tanto el corazón
que sentía perdería la razón.
Desesperado,
en el firmamento la buscó.
Entre las penumbras,
desfiando a toda maldad
con su Luz,
en el cielo apareció.
Redonda, brillante
completamente iluminada,
la nueva Luna Llena.
al viento le susurró:
Borra su memoria,
acaba con su dolor.
Cuando Ella lo encuentre,
en Él, resurgirá el Amor.
Poesía: Jessica Soler • 5 Julio, 2020
jueves, 13 de febrero de 2020
Pláticas con la Luna IX
Poesía: Jessica Soler • 17 Octubre, 2019
lunes, 9 de diciembre de 2019
9 de Diciembre
sábado, 2 de noviembre de 2019
Mitad Ella, mitad Yo
Algún día, simplemente nos encontraremos..."
miércoles, 9 de octubre de 2019
Estrella Roja
domingo, 14 de julio de 2019
Te libero de mi
de tu eternidad en la mía,
te libero de ese día en que nos
conocimos y que sea como si
nunca existió...
de mi manía de hacerte reír,
te libero de mis ganas de tí
y tus ganas de mí,
de esa fecha que no llegará,
esa cita, nuestro encuentro,
ese beso que núnca te dí...
que estás bien, de mis mensajes,
nuestras videollamadas,
las que me hicieron de alguna forma
probarte en mi piel...
en blanco, de mis muecas
y gemidos de placer,
te libero de mis letras,
te sacaré de ellas o al menos
lo intentaré...
vuela libre sin remordimiento,
te libero de mis detalles y me quedo
con ganas de los tuyos...
y preocupaciones por ti,
de mis premoniciones
que rara vez me fallaban,
ahora me aguantaré las
ganas de pedirte que te cuides
cuando sienta esa angustia en mi pecho por ti...
de lo que fuimos
y te regalo un ya no será,
te libero de mi insomnio
te libero de mis sueños
y por favor
ya no entres más en ellos...
pues no sabrás cuántas he de derramar,
te libero de mis celos y mi tan
única y especial forma de amar,
y de hacerte mío, tan mío...
y de la distancia que nos separa,
de las millas que ya no tendrás
que recorrer...
por las tantas veces que te ayudé
y apoyé,
te libero de ser tan única para ti,
tan especial e importante,
tan genuinamente quien no puede
dejar de amarte...
te libero de mi,
para que vueles tan alto
y seas muy feliz..."
Para Él.
martes, 2 de julio de 2019
594
Hace 365 días, en la víspera de un extraño atardecer, Él le entregó un pequeño obsequio. Las nubes oscuras cubrían el horizonte, mientras el Sol descendía, para ocultarse. Usualmente, el cielo se hubiera incendiado, cubriéndose de pinceladas amarillas, anaranjadas, rojas, quizá hasta moradas. Esa tarde, únicamente su faz, redonda, estaba iluminada.
Un año después, Ella recordaba vivamente ese ocaso, como si de un presagio se tratara: fue antesala a los días oscuros que le precedieron.
El pequeño obsequio, era ahora su tesoro: Él lo había fabricado con sus propias manos. Estaba hecho de cobre, el mejor conductor conocido, de calor y electricidad. Elemento que Él casi a diario manipulaba.
Todos los días, a la víspera del día, lo último que Ella veía al cerrar los ojos para dormir, era la imagen de su rostro: sus ojos profundos, su bella sonrisa. A la víspera del día 593, esa imagen no desaparecía, por más que intentaba borrarla.
Amaneció. Una extraña sensación se había apoderado de Ella. Se sentía inquieta. Él había aparecido en sus sueños, continuamente. Al abrir los ojos, instintivamente, acarició con sus dedos al pequeño obsequio, el cual estaba, como siempre, junto a su cama. Lo soltó al instante: estaba caliente y un toque le dió.
Se la hacía tarde, así que olvidó el incidente y salió presurosa de casa. Llegó a tiempo a su primer cita, la cual se prolongó. Salió presurosa, rumbo a la siguiente cita, ya iba algo tarde. Ella no acostumbraba a atender al teléfono mientras conducía, pero éste no paraba de sonar, así que se orilló para atenderlo. Mientras hablaba, vió una imagen que le pareció conocida, por el espejo retrovisor. Se bajó del auto.
Un racimo de mariposas, cual oleaje tempestuoso, se apoderó de ella. Las sentía revolotear en su estómago, en su pecho, en su alma...
Su mente la atormentó con mil pensamientos simultáneos, su corazón parecía querer hacer estallar a su pecho: quería correr a abrazarlo, quería decirle cuánto lo extrañaba y tantas otras cosas que quedaban por decirle. Sin embargo, Ella, cuya impavidez la caracterizaba, se había quedado congelada.
Inmediatamente recordó el incidente con el pequeño obsequio, acontecido por la mañana.
No quiso distraerlo: Él, electricidad manipulaba. Ella, tenía que marcharse, ya iba retrasada.
Era el día quinientos noventa y cuatro.
O quizá, aún no llegaba el primer día...
Foto: Jessica Soler • Julio 2, 2018
Microrelato: Jessica Soler • Julio 2, 2019 • Una historia de la realidad que a veces parece ficción o de la ficción que a veces parece realidad.
lunes, 1 de julio de 2019
593
593 días han transcurrido desde aquel día en que él cruzó la acera y se acercó a saludarla...
El reflejo de sus ojos profundos y el brillo de su hermosa sonrisa, son la última imagen que cruza por la mente de ella, antes de dormir, cada noche (y al inicio de cada día).
Las últimas quinientas noventa y tres noches.
Relato: Jessica Soler • Julio 1, 2019
sábado, 30 de marzo de 2019
Pláticas con la Luna VIII
Relato: Jessica Soler • 30 Marzo, 2019
domingo, 1 de julio de 2018
Pláticas con la Luna VII: Kinich Ahau
Tantas veces he creído en ti,
Naná Kutsini...
¡tantas veces te he buscado
y con tu luz me he guiado!
en tus noches iluminadas,
he caminado silenciosamente, en penumbras,
en tus noches apagadas.
que te dije estaba en paz?
Callando cualquier reproche,
una gran sonrisa surcó mi faz.
A Kinich Ahau enviaste,
para que mi camino cruzara
y el cielo iluminara,
con su brillante luz dorada.
Lentes oscuros Él llevaba,
cubriendo sus ojos profundos,
hermosos luceros,
que a su bello rostro enmarcaban.
Al clarear el día, del inframundo salía.
Tenía una cualidad:
pasear por el cielo debía,
llenándolo de vida y bondad.
Habrá sido su mirada irresistible,
quizá su corazón bondadoso,
tal vez su alma atormentada,
o sus brazos amorosos,
el roce de su piel
con mi piel,
o sus labios húmedos
besando los míos,
habrá sido el hilo rojo
o la flecha de cupido:
al amor se fue en arrojo
mi corazón derruido.
Al caer la noche,
él desaparecía.
Completamente desconcertada,
yo nada entendía.
Tiré piedras a su ventana,
esperando su rostro asomara.
Quise brindarle mi tiempo
y me quedé con su silencio.
Perlas cristalinas
resbalaron por mis mejillas,
mientras te buscaba desesperada,
esta noche desconcertada.
"Cierra los ojos
y presta atención,
deja que tu luz interna te guíe",
fue tu recomendación.
Al llegar la oscuridad,
al inframundo tiene que regresar.
Tiene que protegerse del fuego interno
que lo consume por amar.
Mientras tu,
Luna divina,
brillas a lo alto,
Él se convierte en jaguar.
Te imploro, Luna,
suaviza su luz impía,
que resurja el hombre que en el jaguar habita
y sepa cuánto lo ama el alma mía.
Ilustración: Nadia Van der Donk
Poesía: Jessica Soler • Junio 2018










